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Programa de Aprendizaje Adaptado para la Integración Global del Individuo

La marcha

Actualizado: feb 28

La marcha es un proceso a través del cual buscamos la máxima independencia para movernos gastando la menor energía posible. Esta etapa se inicia habitualmente entre los 11 y los 15 meses, considerándose un retraso la adquisición después de los 18 meses (esto no tiene por qué ser patológico, puede ser, por ejemplo, un retraso madurativo).


El proceso de la marcha implica un mecanismo complejo en el que hacemos uso de gran parte del sistema musculoesquelético. Así, existe un movimiento rítmico de brazos y piernas, que acompañan al tronco moviéndose hacia delante estando de pie. Este movimiento, diferente en cada uno de nosotros, sigue siempre este patrón, aunque para llegar a este momento hay un desarrollo previo. No obstante, no sólo el sistema motor se pone en marcha. Para caminar, además de tener la suficiente fuerza en los músculos o la movilidad de las articulaciones, necesitamos que múltiples sistemas actúen unidos. Para mantener el equilibrio y control postural es importante el buen funcionamiento del sistema visual, que nos servirá para percibir nuestro propio movimiento, para mantener una postura estable así como una buena posición de la cabeza con respecto al cuerpo y nos permite ver otros objetos, facilitando evitar posibles caídas entre otros. Necesitaremos además el sistema vestibular y el propioceptivo. El vestibular facilita, por ejemplo, estabilizar la mirada mientras nos movemos. Además es el que se encarga de compensar la musculatura cuando hay un imprevisto (actúa, por ejemplo, para recolocarnos ante un empujón y evitar una caída). El propioceptivo nos indica cuál es la posición en la que estamos colocados y el movimiento que estamos haciendo. Cuando hay una dificultad en este sistema, el cuerpo no conoce su posición y busca compensar, por ejemplo cambiando la alineación del cuerpo o de algunas de sus partes (pies de puntillas, muy separados para caminar, el cuerpo echado hacia delante…)


Dicho esto vamos a pasar a explicar cómo se produce la marcha. El ciclo consta de dos fases: fase de apoyo y fase de balanceo. El periodo de apoyo empieza cuando el pie (habitualmente el talón) se apoya en el suelo. Este apoyo irá desplazándose hacia la parte anterior del pie, hasta llegar al momento previo al balanceo. Cada pie está apoyado el 60% del tiempo durante la marcha. El otro 40% el pie estará en el aire. Este momento va desde que el pie despega del suelo hasta que se vuelve a apoyar. Para que exista un patrón de marcha normal, además de todo lo dicho previamente se requiere, por ejemplo, que haya estabilidad en apoyo y una longitud apropiada del paso.


Sin embargo, cuando el niño empieza a caminar, no lo hará como un adulto. Hay algunas diferencias que irán disminuyendo a medida que vaya madurando, pero que debemos tener en cuenta. Así, al principio, los pequeños caminarán con los pies muy separados para mantener mejor el equilibrio y realizarán unos pasos cortos y rápidos. Con esto último evitará que la fase de balanceo (la que el pie está en el aire) sea muy larga y con ello, otra vez, poder desequilibrarse. Alrededor del año y medio, la mayoría de los niños empezarán a apoyar primero en el talón (aunque este momento puede demorarse). En los siguientes años, y, hasta completar sobre los 7 la marcha similar a la que tendrán de adultos, irá disminuyendo la separación de los pies o la apertura de las puntas entre otros.

Todo esto ocurrirá en una marcha normal. Sin embargo, existen múltiples alteraciones que pueden producirse.


En niños, por ejemplo, con hipertonía, es frecuente encontrar pies equinos (en punta, no sólo para caminar sino en estático, dado que hay una contractura del sóleo y/o gemelos que no permite que se pueda doblar el tobillo los últimos grados) y sus derivados equino-varo o equino-valgo (además de en punta, girado hacia dentro o hacia fuera). Al existir la limitación que hemos dicho para flexionar el tobillo, habrá dificultades para despegar el pie así como para mantener el equilibrio.


Cuando la alteración es por hipotonía (existe una debilidad muscular) hay una lucha constante contra la gravedad, así que son niños que suelen tener una curvatura lumbar mayor de lo habitual por inclinar la pelvis hacia delante. Además su cadera suele ir hacia fuera y es típico que presenten pies planos y pronados (apoyados hacia dentro). Aunque no existe un patrón de la marcha en la hipotonía, ya que es muy variable, sí es frecuente que se cansen si caminan mucho ya que la mayoría del peso cae en una zona del pie y la musculatura se cansa. Asimismo, la mala alineación del pie, puede dificultar el control postural y el equilibrio.


Estas son sólo algunas de las alteraciones que podemos encontrar. Todo ello se trabajará desde la fisioterapia haciendo uso de actividades funcionales, reeducación de la marcha, tratamiento de las contracturas y uso de ortesis y splints entre otros que, según el caso se usará para corregir y prevenir deformidades, dar soporte al pie y mejorar la distribución de pesos, o mejorar la marcha. Con todo esto buscaremos, además del menor dolor y evitar las deformidades, la mayor autonomía posible con el menor gasto energético para el niño.


Irina Guerra de la Fe

Fisioterapeuta



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